Casa Floren
Casa de hormigón (500m2) en dos niveles que fusiona paisaje, memoria y luz mediante diseño curvo y materiales nobles.

Casa Floren
Implantada entre álamos y plátanos, la vivienda se presenta como una pieza sólida de hormigón visto que se despliega a lo largo de más de 500 metros cuadrados de experiencias y recorridos, como lo indica la memoria descriptiva. Levantada en un barrio cerrado a metros de la Ruta 22, la casa está organizada en dos niveles.
Alberga las áreas sociales en planta baja y los espacios privados en planta alta, integrando dormitorios, áreas de encuentro, trabajo y recreación dentro de una secuencia espacial fluida y luminosa.
La curva recorre la vivienda como una huella del paisaje. Su geometría suave busca capturar el movimiento de las montañas del Valle de la Luna para transformar aquellos recuerdos de infancia en espacios habitables, mientras la materia adquiere una condición casi escultórica. Más que un recurso formal, se convierte en el vínculo entre la memoria y la arquitectura.
La casa se abre hacia su interior mientras se muestra introspectiva hacia la calle. Entre ambos mundos aparece un zaguán contemporáneo: un patio previo al ingreso que recupera otro recuerdo, el de la casa de la abuela materna. Allí, donde alguna vez un limonero daba sombra y bienvenida, hoy un naranjo ocupa el centro de la escena, convirtiéndose en el primer gesto de hospitalidad para quien atraviesa el umbral.
Un muro-pantalla acompaña el acceso y construye el límite entre lo público y lo privado. Más que un elemento de resguardo, actúa como refugio cotidiano de las vivencias domésticas, conteniendo desayunos, encuentros y silencios.
Su tonalidad, compuesta por piedra, cemento y arena, evoca los colores minerales de aquellas tardes invernales que permanecen intactas en la memoria.
La materialidad se apoya en elementos nobles y atemporales. Hormigón, travertino, acero y troncos de eucalipto dialogan entre sí para construir una arquitectura serena y duradera.
La luz natural completa la experiencia espacial: las orientaciones norte y este aportan calidez y vitalidad a los espacios principales, mientras que las fachadas más cerradas hacia el sur y el oeste protegen las áreas de servicio y colaboran con el acondicionamiento pasivo de la casa.
Se proyectó que la casa no se impusiera sobre el lugar, sino que perteneciera a él. Es la materialización de un recuerdo: paisaje, materia y nostalgia dan forma a una manera de habitar arraigada en las emociones. Un homenaje de hormigón y luz a la inmensidad de ese paisaje que lo inició todo. ¿El resultado? Está a la vista.
Ubicación
General Roca, Río Negro
Año
202
Arquitectos
Sandra Gargini, Santiago Gallo, Josefina Gallo

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